De barbería a bodega centenaria: 150 años de historia líquida en Bodegas Delgado

Puente Genil guarda uno de los relatos más singulares del vino andaluz: el de una familia que convirtió una barbería en una de las bodegas históricas de Montilla-Moriles.

Recientemente, tuve el honor de hacer el curso de Técnico Especialista en vinos y vinagres de Montilla-Moriles. En el curso visitamos varias bodegas, cada una con su encanto, y entre ellas estaba la bodega Delgado. Una bodega situada en Puente Genil, en el corazón de la denominación Montilla-Moriles, cuya entrada es un patio que te evoca al pasado, una combinación de patio andaluz y bodega.

Se nota que se trata de una bodega familiar, la más antigua del municipio y una de las decanas de Andalucía. Sientes que te acogen como parte de esa familia, donde puedes percibir la dedicación y el cariño con el que tratan al visitante, el mismo que dan a sus vinos.

Esta bodega fue fundada en 1874 y ha visto pasar cinco generaciones sin abandonar la crianza artesanal de los vinos generosos. Y todo comenzó en una barbería. Y se preguntarán: ¿Pero en una barbería no es donde cortan el pelo y te arreglan la barba? Pues sí actualmente, pero en el siglo XIX las barberías eran lugares donde, además de cortar el pelo, te arreglaban la barba y también eran lugares para curas dentales improvisadas.

Y la barbería de Puente Genil estaba regentada por D. Antonio Delgado Gálvez, que además de barbero era veterinario y músico. Esta barbería la regentaba junto a su esposa, Doña María Estrada Pérez. Cerca de esta barbería había un local donde todos sus clientes entraban antes de ir a sacarse la muela y después para beber vino que les sirviera para soportar el dolor de extraerse la pieza dental. Esta práctica habitual sirvió de inspiración al matrimonio, y pensaron que mejor que sus clientes tomaran el vino en la propia barbería, que además de anestésico haría las veces de antiséptico y analgésico. Por lo que decidieron elaborar su propio vino y venderlo ellos mismos. Para ello, fueron al pueblo de Zapateros (que actualmente es Moriles) y adquirieron 14 botas de roble americano, marcando así con este primer lote el nacimiento de Bodegas Delgado.

El matrimonio tuvo cuatro hijos: Antonio, Ana, Basilio y Manuel, que continuaron la labor iniciada por sus padres. Su dedicación garantizó la continuidad de la bodega en un momento en el que muchas empresas desaparecerían. Pues, con la plaga de la filoxera, se perdió la mayor parte del viñedo en Montilla (y otras partes de Andalucía). Esto provocó una crisis económica y un descenso de las ventas, pero el buen hacer de esta familia permitió que la empresa se consolidase como proveedor de tabernas y comerciantes de la comarca hacia finales del siglo XIX. Antes del fallecimiento de Antonio Delgado en 1933, los hijos de los fundadores tomaron el relevo, pero fue la aportación de D. Manuel Delgado en 1918 —que había trabajado como directivo en una empresa vinícola chilena— la que aportó una visión comercial que impulsó la distribución más allá de Puente Genil. Las ventas crecieron incluso durante la Guerra Civil, que no dañó las instalaciones.

Es más, algunas zonas de la bodega permanecen prácticamente iguales a cómo eran en el siglo XIX. Tiene edificios intercomunicados por túneles que discurren bajo las calles y botas de roble de más de un siglo de vida, lo que es la principal razón de mantener estas instalaciones, ya que su traslado podría suponer su pérdida o rotura, por lo que se perdería parte del patrimonio histórico no solo de la bodega sino de Montilla-Moriles. Además de finalizar la crianza y el embotellado en este edificio situado en el casco histórico de Puente Genil, allí también se encuentran los departamentos administrativos y comerciales, y es donde se reciben las visitas de enoturismo.

Para atender la demanda se construyó en 1940 el Lagar de San Antonio, situado entre Aguilar de la Frontera y Puente Genil, una gran instalación de 10.000 m² dedicada a la elaboración, almacenamiento y primeras fases de crianza. Esta dualidad de centros resume la filosofía de Bodegas Delgado: combinar modernidad y tecnología con tradición y artesanía. Un año después, la familia decide constituirse en sociedad, denominándola Delgado Hermanos S.L. Esto supone la formalización de la empresa y su preparación para acometer nuevas inversiones.

En 1997, con la cuarta generación al mando, la firma adoptó el nombre Bodegas Delgado S.L. y reforzó su apuesta por mejorar la calidad sin alterar la esencia.

Actualmente, conviven la cuarta y quinta generación como socios. La bodega está dirigida por un Consejo de Administración, con una gestión totalmente profesionalizada, que controla unas 5.000 botas de crianza. Y aunque no todos los socios están dentro de la gestión de la bodega, son los mayores prescriptores de la bodega; algunos incluso residen fuera de España, actuando como grandes embajadores por todo el mundo.

Todos sus vinos generosos son elaborados con uva Pedro Ximénez, reina en Montilla-Moriles y que origina vinos muy distintos, pues es una variedad de gran versatilidad que les permite elaborar vinos de muy distintos estilos. Y prueba de ello son los vinos generosos de calidad, así como sus vinagres, que se han elaborado durante más de un siglo y que todos ellos están amparados por la Denominación de Origen Montilla-Moriles. Sus finos de crianza biológica (criados bajo velo de flor en botas de roble americano por el sistema de “Criaderas y Soleras”) son: Fino D.H. (2 años en bota), Fino F.E.O. (5 años en bota), Fino 2ª BOTA (7 años en bota) y Fino Manolo (3 años en bota). Sus amontillados son AMÓN y Amontillado DELGADO 1874. Sus olorosos son DELGADO y DELGADO 1874. Su Cream ABUELA MARÍA. Sus vinos dulces son: PEDRO XIMÉNEZ, P.X. CALIFA, P.X. DELGADO 1874 y P.X. ELIO BERHANYER.

Curioso es el nombre que reciben algunos de sus vinos. Por ejemplo, su amontillado AMÓN se llamó en sus inicios FARAÓN, nombre que tuvieron que retirar, pues la marca estaba registrada por una bodega de Jerez. Durante un tiempo, este amontillado no tuvo nombre, llamándose solo AMONTILLADO DELGADO. Pero la familia Delgado quería que reflejara lo que este amontillado significaba: una gran madurez y una divinidad. Por lo que, qué mejor que una deidad egipcia como fue AMÓN. Igualmente, tiene dos P.X. que reciben nombres curiosos: CALIFA, en referencia a su origen con el califato de Córdoba, y ELIO BERHANYER, en honor al gran modisto cordobés que apadrinó este vino.

Con una mirada al futuro y después de años de desarrollo, está ampliando su gama de productos y ha empezado con espumosos, vermuts y vinos de menor graduación, con la idea de captar nuevos consumidores con nuevos gustos y tendencias. Todos elaborados, al igual que los generosos, de forma artesanal, siendo su espumoso LEMONIER BRUT NATURE de edición limitada consumido en alta restauración y con un futuro prometedor.

Ha abierto sus instalaciones al enoturismo con visitas, catas y actividades culturales. Y aunque la bodega nunca tuvo vocación exportadora, actualmente comercializa sus vinos y vinagres en países tan distintos como China, Japón, Corea, Suiza, Suecia y Alemania, entre otros.

En 150 años, la calidad de estos productos ha sido reconocida por numerosos premios, teniendo un largo palmarés: Bodegas Delgado acumula más de 60 premios, incluidas 31 medallas de oro en certámenes como Vinalia, Bacchus o Cinve. Referencias como el amontillado Amón y el fino Segunda Bota figuran entre los más laureados. Estos reconocimientos han reforzado su reputación y han facilitado la entrada en mercados internacionales como Reino Unido y Estados Unidos.

Bodegas Delgado es un ejemplo de empresa capaz de sobrevivir a cambios sociales, guerras y crisis sin abandonar su esencia. Nació de la intuición de un barbero que ofrecía vino a sus clientes como anestésico y terminó convirtiéndose en un emblema de Puente Genil. Hoy, Bodegas Delgado representa una bodega histórica de Montilla-Moriles que ha sabido mantener la tradición familiar y la elaboración artesanal durante más de 150 años, elaborando calidad y no volumen, transmitiendo su conocimiento de generación en generación y adaptándose al tiempo sin perder su identidad.

Por eso, os animo a que visitéis esta bodega, os adentréis en su historia y degustéis sus vinos en un entorno histórico, donde de una barbería donde el vino calmaba el dolor… a una bodega que hoy emociona en cada copa. Un ejemplo de cómo la tradición, cuando se cuida, no se detiene: evoluciona.»

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