LA CAPUCHINA VIEJA-Una bodega singular en el interior de la provincia de Málaga

Siguiendo con una bodega, una historia. En febrero visité la Bodega La Capuchina en Mollina. Ya había probado sus vinos, y me dejaron sorprendida, y con ganas de saber y conocer más. Así que le dije a mi padre que si me acompañaba. Antes de ir estuve averiguando cuál era el origen de este original nombre que tiene la bodega.

La Capuchina fue una orden de monjes de gran importancia en la comarca de Antequera, tanto que en la propia Antequera se ubica el Convento de Capuchinos desde 1613 de interés espiritual y cultural. Pero volviendo a Mollina, esta orden también tuvo un convento en el siglo XIX, ubicado en la Sierra de la Camorra, en el municipio de Mollina, en el norte de la provincia de Málaga. Allí, los religiosos estuvieron hasta 1836, cuando se produjo la desamortización eclesiástica, y el convento y los terrenos pasaron a manos privadas.

No era una bodega, sino una finca agrícola de cereales, viñas y olivos. No fue hasta la década de los ochenta del siglo XX, cuando un arquitecto de renombre en Málaga, D. Antonio García Garrido, adquirió la finca. Y como profesional que era, procedió a la restauración del convento respetando su arquitectura tradicional, uniendo pasado y presente. Su visión era clara: recuperar el cortijo histórico y devolverle su vocación vitivinícola. Si bien, su pensamiento no era crear una bodega, sino cultivar los olivos y las viñas y vender sus frutos a las cooperativas de la zona. El edificio y sus jardines conservan los vestigios del antiguo convento con patios interiores empedrados y galerías.

Pero, llegó la década de los noventa, cuando el mercado de la uva se desplomó. La situación, no sólo para la familia García sino para muchos pequeños viticultores, era decidir si abandonar la explotación por falta de rentabilidad, y muy a su pesar, arrancar cepas, en pro de un cultivo más rentable o elaborar ellos mismos el vino. Por aquella época, Susana, hija de D. Antonio tenía su propio trabajo, y junto a su marido, Emilio, tomaron la decisión de transformar la finca en bodega. Ambos son funcionarios de la Delegación de Agricultura. Pero es Susana la que decide dejar su puesto en la Administración Pública, e iniciar la andadura de la bodega.  Para ello, reutilizaron la antigua almazara para ubicar allí los depósitos de fermentación, y en el antiguo pajar se ubicaron las barricas de roble francés de 225 litros. Y en el año 2004, una vez finalizadas las obras correspondientes, se inaugura la bodega. La primera añada embotellada fue la de 2005, y desde entonces guardan botellas de cada cosecha.

Susana dirige la bodega junto a un gran equipo, el enólogo Juan Palomo y la responsable comercial y de enoturismo Mercedes Segura. La finca da una producción actual de 40.000 litros y combina tecnología moderna y tradición. Para la fermentación utiliza tanques de acero inoxidable y realiza una crianza de doce meses en barricas de roble francés, seguida de al menos un año de crianza en botella. Cada cuatro o cinco años renuevan las barricas.  Los vinos se elaboran exclusivamente con uvas de su parcela y cada racimo se somete a una cuidadosa selección. Esta cuidadosa atención, unida a la limitada producción, tiene como resultado unos perfiles aromáticos definidos, y unos vinos con una notable personalidad.

Pero no sólo tiene un origen el nombre de la bodega. Su logotipo de La Capuchina tiene como origen unas pinturas rupestres que se ubican dentro de la propia finca, en la cueva del Abrigo de los Porqueros, catalogadas por H. Breuil en 1914. En esas pinturas, hay una representación de un hombre con un niño, con ello se quería realzar la identidad de la bodega con el legado prehistórico de la finca.

Pero no sólo la bodega tiene historia, también sus propios vinos. Pues, su vino Naufragios, un tinto de Cabernet Franc y Syrah, debe su nombre a un singular incidente: La añada del 2010 fue adquirida por un distribuidor de Estados Unidos. Este importador de California, había adquirido años anteriores otras partidas. Esa añada, como las anteriores fueron etiquetadas con los datos y nombre de este distribuidor. Y una vez, que se depositó en aduanas para su viaje a los Estados Unidos, y por lo tanto, de plena propiedad del distribuidor, anuncia a Susana que sus hijos no continuarán con el negocio y que él se iba a jubilar. La partida siguió su destino hasta California, y Susana no podía hacer otra cosa, que esperar a que entrara en California. Allí, empresas dedicadas a este tipo de incidentes, quisieron adquirir la partida, pero Susana se negó a revender su vino, y hasta que todos los trámites correspondientes se realizaban, alquiló cámaras frigoríficas especiales para vinos. Esta partida estuvo más de dos años, hasta poder obtener su propiedad, y poder repatriarlos. En ese momento, Susana había regalado a Emilio un libro de Álvar Núñez Cabeza de Vaca titulado “Naufragios” donde narra las desventuras de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y su tripulación tras naufragar en la costa de Florida. Y Emilio pensó que similar aventura estaban teniendo sus vinos. De ahí, el nombre de esta edición tan especial. Tuve la oportunidad de catar este vino aventurero y es un vino que hoy en día, es sedoso, equilibrado y redondo. Donde la botella, le ha aportado unos aromas únicos, y que invito a que lo probéis.

Pero, curioso es el nombre que la mayoría de sus vinos reciben como “Capuchina Vieja”, pues es el nombre que recibe la finca, cuando se abandona por parte de los monjes y se trasladan a Antequera, a un edificio que también llamaron La Capuchina. Y dentro de su gama de La Capuchina Vieja, elabora un rosado llamado La Capuchina Kium como tributo al Dios Kium de los pueblos Tartessos, pues es un guiño al aroma salino que la Doradilla aporta a este vino.

Pero, el compromiso de esta familia ya no está solamente con el legado cultural, y arquitectónico, sino que es de las pocas bodegas que intentan recuperar dos variedades autóctonas de Málaga, como es la Doradilla y la Romé. Dos variedades que estuvieron a punto de extinguirse, y que actualmente, son pocas las hectáreas en las que se cultiva.

La gama de sus vinos secos son: Capuchina Vieja Moscatel Seco (es un blanco seco de Moscatel de Alejandría); Capuchina Vieja Doradilla (es un blanco joven de Doradilla); Capuchina Vieja Kium (es un vino rosado de ensamblaje de Petit Verdot y Doradilla); Capuchina Vieja Tinto (es un vino tinto de 12 meses de crianza en barrica de Syrah y Cabernet Franc); Capuchina Vieja Petit Verdot (vino tinto monovarietal con 12 meses de crianza en barrica); Capuchina Vieja Naufragios (es un vino tinto de 12 meses de crianza en barrica de Syrah y Cabernet Franc con un largo periodo de tiempo de guarda). Todos ellos están amparados por la Denominación de Origen Sierras de Málaga, lo que implica cumplir con unos requisitos de calidad, y con el sello de la marca “Sabor a Málaga” de la Diputación Provincial, que certifica el origen local de los productos.

En cuanto a su gama de vinos dulces, elaboran Capuchina Vieja Sol (que es un vino Naturalmente Dulce de Moscatel de Alejandría); Capuchina Vieja Pedro Ximénez (vino dulce natural criado bajo el sistema de criaderas y soleras en barricas de roble americano). Estos dos vinos dulces están amparados por la Denominación de Origen Málaga, lo que supone reunir requisitos de calidad, y con el sello de la marca “Sabor a Málaga” de la Diputación Provincial.

Todos sus vinos están elaborados mediante prácticas que buscan la mínima intervención posible, y teniendo como eje la sostenibilidad y máximo cuidado desde la vid. Su filosofía es recuperar la autenticidad de los vinos de Málaga.

Actualmente, y donde el enoturismo está cada vez más en alza, la bodega organiza visitas guiadas que incluyen paseo por los viñedos y la bodega, así como una cata de vinos.

Una visita que no deja indiferente a nadie. Una cata de la que se sale enamorado de sus vinos, y en el que entiendes el legado e historia tan importante que tenían, tienen y tendrán los vinos de Málaga.

No quisiera terminar sin dejar de agradecer a todo el equipo de la bodega y a Susana García por hacerme partícipe de esta historia y de estos grandes vinos. Y ánimo a todo el mundo a visitar la bodega. Y a pedir uno de todos sus grandes vinos para que saborees y disfrutes de los vinos que te harán viajar a esta gran tierra que es Málaga.

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